Hollé todas las sendas que me ofreció el destino,

no me detuve apenas a soñar, a horcajadas

de los negros augurios que encontré en el camino.

Seguí día tras día hoyando la esperanza.

 

Las nubes que a destiempo

nublaron mi mirada,

fueron parte del tomo

 donde guardé mis ansias,

los amores pasados

y aquel agua tan clara

que lavaba mis dudas

insuflando esperanza.

 

Hoy, las hojas de otoño colorean la senda

por donde en otro tiempo gozaba en la alborada

del canto jubiloso, siguiendo la calleja.

Solo quedan las notas en el aire grabadas.

 

Cuando el sol ya se esconde tras de la sierra amada

y, abajo, en el arroyo, las aguas cantarinas

resbalan por las peñas cantando una sonata,

es hora de volver a la luz encendida.

 

10 de octubre de 2025

 

 

 

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