MOSELA

Resbalan las pizarras en la bajada al rio,

no encuentro las cadenas a las que me entrgué.

¿Volveré a repetir tamaño desvarío?

Tal vez vientos infaustos aceleren mis pies.


Me pesan los recuerdos de la edad del pecado,

desfallezco en la curva del lagar del destino.

¿Podré arribar un día de viento huracanado?

Prefiero no pensar en los vientos altivos.


Somos ténues pavesas de la lumbre del mundo.

Revolotea en el aire el buitre tras su presa,

se enseñorea del monte con un mirar profundo.

Pobre paloma herida, cuán penosa es la espera.


Llegando a la pesquera

donde tanto gocé

en la edad del deseo,

del amor y el placer,

se me nubla la mente

y me fallan los pies,

al recuerdo de un tiempo

que nunca ha de volver.


25 de febrero de 2026


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